EL GRAN ARTE DE NO HACER ABSOLUTAMENTE NADA

Cómo sobrevivir a un viaje de amigas, al calor mediterráneo y a cuatro bikinis mojados en una misma habitación

La mañana empezó en una tienda de campaña preciosa.
 De esas que parecen sacadas de Pinterest pero donde igualmente acabas perdiendo el cargador y peleándote por quién ha usado toda el agua caliente.

Carolina llevaba una camiseta gigante, gafas diminutas y energía de “no pienso hacer nada hoy”.


Exactamente el mood que merece el verano.

Shop collection

El sol de las seis de la tarde tiene efectos secundarios.
 Te hace creer que puedes mudarte al Mediterráneo, abrir una tienda de cerámica y vivir únicamente de tomates buenos y vestidos blancos.

La camiseta llena de flores parecía pintada por alguien enamorado del verano.
 Probablemente porque lo estaba.

"El verano debería medirse en rodajas de sandía, no en semanas."

Hay algo profundamente mediterráneo en comer fruta con bikini mojado y joyas doradas.
 Como si Sophia Loren pudiera aparecer en cualquier momento a pedirte hielo.

Hay luces que favorecen más que cualquier filtro.

Cadaqués tiene esa capacidad peligrosa de hacer que todo parezca cine independiente europeo.

Entre pinos y conversaciones eternas, descubrieron el auténtico lujo del verano:


no tener ningún sitio al que llegar.

Bueno. 
Quizá solo a tiempo para el aperitivo.