Las madres también tienen derecho a vestirse como las niñas de sus sueños

“Hubo un momento en el que dejaste de comprar ropa solo para ti. Y casi ni te diste cuenta.”
La maternidad tiene ese extraño poder de convertirte en la directora de vestuario de toda la familia.
Sabes qué talla usa cada uno.
Recuerdas qué pantalón ya no le sirve al mayor.
Compras una talla más “para que le dure”.
Y eres capaz de encontrar unos zapatos perdidos en menos de treinta segundos.
Pero, de alguna manera, dejas de preguntarte algo mucho más sencillo.
”¿Y yo qué me pondría si solo pensara en mí?”

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Entonces crecemos.
Y, sin saber muy bien cuándo, empezamos a vestirnos para no destacar demasiado.
Para no equivocarnos.
Para parecer más serias.
Más elegantes.
Más adultas.
Como si hacerse mayor implicara despedirse del color.

Quizá por eso nos emocionan tanto los matching looks
Porque nunca han ido solo de vestir igual.
Van de otra cosa.
Van de compartir.
De reírte cuando las dos lleváis la misma camisa y alguien pregunta:
— ¿Quién ha copiado a quién?
Van de hacer una foto que dentro de veinte años seguirá sacándote una sonrisa.
Van de demostrar que crecer no significa dejar de jugar.

Si algún día tu hija te dice:
“Mamá, quiero vestirme como tú.”
Sonríe.
Porque quizá llevas años intentando vestir como la adulta perfecta…
…cuando lo único que ella veía era a su persona favorita.
Y esa, probablemente, siempre ha sido la mejor versión de ti.