En mi casa dura hasta que se acaba la arena dentro de los zapatos.
O nunca.
Porque los mejores veranos no se cuentan en semanas.
Se cuentan en rodillas llenas de rasguños, helados que gotean más rápido de lo que se comen y camisetas que acaban oliendo a sol.
En casa tenemos una norma muy importante.
Si aparece un árbol... se trepa.
Si aparece un río... se meten los pies.